Archivo mensual: junio 2011

Indignada

El sitio web Yo debo busca reunir las deudas de la mayor cantidad de estudiantes posible. La idea de la página es personificar la deuda: “demostrar que no somos una masa sin rostro” y, al mismo tiempo, llevar la cuenta de la deuda en general. Haciendo cálculos descubrí que, sin considerar un posible posgrado, mi deuda será de unos $10.392.628. Esto sólo contempla el arancel de referencia, pues el resto ya lo estoy pagando y sin contar las matrículas de cada año, las fotocopias, el transporte, la alimentación y un largo etcétera.

¿Cómo me siento con respecto a esto? Aterrada. Indignada. Enfurecida. Aterrada, porque me da miedo pensar en tener que pagar esa cifra y que eso ni siquiera me asegure un posible empleo. Indignada y enfurecida por varias razones. En primer lugar, me enfurece tener que sacarme la mierda estudiando y tener que pagar por ello. Casi como si el estudio no representara un trabajo. Claro, la excusa es que después con un título a cuestas ganarás mucho más dinero. ¿Esto es cierto? No, en Chile puedes tener un título y aún así terminar en un trabajo con un sueldo mísero o, peor aún, cesante. Tener título, especialmente sólo una licenciatura (como será mi caso y el de otros miles de estudiantes) no te garantiza empleo. En la Sexta Encuesta Nacional de la Juventud queda más que claro: un 56,7% de los jóvenes encuestados no trabaja en lo que estudió [1]. Este fenómeno ya tiene nombre: cesantía ilustrada.

En segundo lugar, me indigna que el gobierno y las distintas empresas (universidades, pero ya son prácticamente lo mismo) nos vendan el cuento de que estamos pagando por un bien para nosotros. ¿Acaso nuestros títulos no son, en gran parte, para servir a otros? ¿Para servir al país? ¿Acaso no están señalando constantemente que el país necesita profesionales para esto y lo otro? [2] [3] Siento que es un descaro que nos necesiten y más encima nos hagan pagar por aprender a hacer lo que la sociedad necesita.

En tercer lugar, me enfurece el círculo vicioso en torno a este sistema. Como bien señaló una amiga: “para viajar necesitas dinero, para tener dinero necesitas trabajar, para trabajar necesitas terminar la universidad, para terminar la universidad necesitas dinero, para conseguir dinero necesitas trabajar…”. Claro, para estudiar sin dinero puedes encalillarte en un crédito, pero eso implicará estar pagando durante varios años más, haciendo que terminemos por olvidar planes y sueños, como viajes, casa propia o tener una familia. El mismo factor de estar trabajando para poder pagar la deuda de una carrera en lugar de estar aprovechando ese dinero puede dejar a muchas personas descontentas; así es como la gente deja de lado la vocación.

Y, en cuarto lugar, me enerva saber que esto sólo le pasa a la gente con menos dinero. Por más que digan que existen posibilidades para los pobres, ¡vamos!. Las cifras señalan claramente que los mejores puntajes PSU son de los colegios emblemáticos, subvencionados o privados [4], con poquísimas excepciones. Esto quiere decir que la gente que puede pagar un buen colegio tiene mejores probabilidades de obtener becas universitarias y por lo tanto no quedar endeudado. En cambio, quienes no tiene dinero para pagar un buen colegio o, en su defecto un preuniversitario, joden. Y eso sin considerar el hecho de que el sistema escolar está hecho contemplando sólo uno o dos tipos de aprendizaje, dejando fuera a montones de personas que simplemente aprenden de otra forma.

¿Qué hacer ante esto? No sé, la verdad. Mis conocimientos de economía son básicos (por no decir nulos) y francamente no sabría decir si el gobierno puede o no cumplir con las demandas estudiantiles (según este artículo, sí). Lo que sí puedo afirmar es que si en Chile no se efectúa una reforma educacional heavy (perdonen la informalidad, pero así surgió la frase en mi mente xD), ese gran desarrollo económico del que nuestros gobernantes se sienten tan orgullosos decaerá. El cobre no estará siempre, ¿y después qué? La mayor parte de los países sin muchos recursos naturales han invertido en educación y es así como se mantienen. Chile tiene el potencial para entrar en esa esfera, pero los gobiernos (no sólo este, la Concertación tuvo 20 años para actuar y sólo perpetuaron los cambios hechos en dictadura) no han querido hacer nada.

Claro, mientras los gobernantes no actúan y los dirigentes estudiantiles se conforman con migajas, los pobres hueones que tienen que pagar una millonada seguimos frustrados, jodidos, apaleados por un sistema que nos pide velar por él, pero que al mismo tiempo nos abandona a nuestra suerte. ¿Y sigue habiendo gente que no entiende porque algunos rompen tiendas y tiran piedras? Pues piensen de nuevo, porque bajo tanta presión no logro comprender como sigo cómodamente sentada en la cama escribiendo esto, en lugar de estar destrozando bancos con “los violentistas”.

Señores, señoras y quien llegue a leer esto: frustración no es que la ropa se manche luego de lavarla. Frustración es saber que tienes potencial y capacidad para hacer cientos cosas y no poder sólo porque careces de medios económicos para lograrlo. Bienvenidos a la realidad de un estudiante pobre (y que se rehusó a sacrificar su vida en pos del estudio incesante) en Chile.


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