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Anarquía (o Amarquía) según Ami

Generalmente cuando se habla de anarquismo hay dos puntos que cuesta dejar claros: la diferencia entre propiedad privada y pertenencia personal y como funcionaría una sociedad sin el uso del dinero. Para mí nunca fueron aspectos confusos gracias al libro Ami, el niño de las estrellas que leí cuando tenía unos diez años. Releyéndolo (creo que lo leo todos los años xD) he rescatado algunas partes en donde se explican esos puntos para compartirlos con ustedes.

Para contextualizar: este libro se trata de un niño, Pedrito, que estando solo en una playa de noche recibe la visita de un “niño” extraterrestre. Este le hace ver que su visita forma parte de un plan de ayuda de planetas “civilizados” a aquellos que aún no lo son. Ami, como Pedro lo nombra, lleva al joven protagonista a conocer planetas que viven bajo la ley universal (el Amor) para que luego el terrícola pueda escribir un libro contando sus aprendizajes.

En el siguiente diálogo cito las principales impresiones de Pedrito frente a que los planetas “civilizados” vivan sin dinero, sin leyes (además de la ya mencionada), sin autoridades y sin castigos ni cárceles, así como las respuestas de Ami.

“— Aquí no existe el dinero.
— ¿Y cómo compran entonces?
— No se compra. Si alguien necesita algo y lo hay, ¿por qué no?
— Un carrito de esos que se ven, ¿también?
— O una nave espacial — Ami hablaba como si lo que me estaba diciendo fuese lo más natural del mundo.
— ¿Todos pueden tener una nave espacial?
— Todos puedes utilizar una nave espacial — precisó Ami.
— ¿Esta nave es tuya?
— Yo la estoy utilizando, tú también.
— Pregunto si es tuya.
— A ver… “Tuya” indica posesión, pertenencia… Ya te dije que todo pertenece a todos, a quien lo necesite y mientras lo ocupe.
— ¿Y cuando ya no lo necesita?
— Entonces ya no lo utiliza más.
— Si, por ejemplo, yo tomo una nave como ésta y la quiero dejar en mi patio cuando no la ocupo… ¿Puedo?
— ¿Por cuánto tiempo no la vas a ocupar?
— Digamos… unos tres días — respondí.
— Entonces es mejor que la dejes en el lugar destinado a estacionar estas naves, el “aeropuerto”, y así le sirve a otra persona mientras tú no la ocupas. Luego, cuando llegas, tomas ésa o la que se encuentre disponible.
— ¿Pero si yo quiero esa?
— ¿Y por qué esa?  Aquí sobran las naves, además, son todas más o menos parecidas.
— Supón que le tengo cariño, como tú a tu “anticuado” televisor”…

[Aquí se refiere a un aparato similar a una tele que Ami construyó cuando era pequeño y anda trayendo consigo porque le tiene cariño, siendo que hay artefactos similares más "modernos"]

“— Este televisor, como tú le llamas, es un pequeño recuerdo, nadie lo necesita, porque es anticuado; cuando ya no quiera conservarlo, lo entregaré para que quienes trabajan en este tipo de instrumentos decidan si lo desarman o lo modifican; también puedo conservarlo toda mi vida, no es algo de utilidad pública. Pero si quieres conservar siempre esa misma nave (capricho extraño, porque tú no la construiste, y además hay de sobra) debes esperar a que llegue, a que esté disponible.
— ¿Pero si yo quiero utilizar esa misma nave, para mí y nadie más?
— ¿Por qué nadie más? — preguntó Ami.
— Supongamos que no me gusta que utilicen mis cosas…
— Pero ¿por qué? Aquí nadie tiene enfermedades contagiosas…
— No sé, pero imagina que me gusta que mis cosas sean mías y de nadie más…
— Eso sería posesividad enfermiza, egoísmo.
— No es egoísmo.
— ¿Qué es entonces?… ¿Generosidad? — Ami reía.
— ¿Así que tengo que compartir mi cepillo de dientes con todo el mundo?
— Extremismo mental otra vez… No tienes que compartir tu cepillo de dientes ni tus objetos personales, aquí los hay por millones, sobran, nadie se esclaviza a ellos… ¡Pero no querer compartir una nave espacial!… Además en el “aeropuerto” es revisada por las máquinas encargadas de hacerlo, es reparada cuando lo necesita, no tienes que hacerlo por tú cuenta.
— Suena bien, pero me imagino que todo es un poco estilo “internado de colegio”, todo obligatorio, vigilado…
— Te equivocas. Aquí las personas gozan de la más amplia y total libertad.
— ¿Y no hay leyes?
— Sí las hay, pero todas basadas en la Ley fundamental del universo [el Amor], en beneficio de las personas [...]
— ¿Y si violo alguna ley?
— Sufres.
— ¿Me castigan, me encarcelan?
— No. Aquí no existen el castigo ni las cáceles, pero si cometes alguna falta, sufres; tú mismo te castigas.
— ¿Yo mismo? No entiendo, Ami.
— ¿Le darías una bofetada a tu abuelita?
— ¡No, por supuesto que no!… Qué cosas dices…
— Imagina que le das una bofetada… ¿Qué te pasaría?
— ¡Me dolería mucho, me arrepentiría, sería insoportable!…
— Eso es castigarse uno mismo… No necesitas que te castiguen ni que te encarcelen. Hay cosas que nadie hace, y no porque lo prohíban las leyes. Tú no le harías daño a tu abuelita, no la herirías, no le quitarías sus pequeños objetos personales; al contrario, intentas ayudarla y protegerla.
— Sí, porque la amo.
— Aquí, todos nos amamos, todos somos hermanos”. (80)

“— ¿Por qué no dejan en la Tierra que quien necesite algo lo tome, sin pagar? — preguntó Ami.
— ¿Estás loco? Nadie se tomaría la molestia de trabajar, si no va a ganar nada…
— No tienen amor entonces, sino egoísmo… No pueden dar si no van a recibir algo a cambio. [...]

Imaginé que yo era el dueño de una plantación dedicada al cultivo de damascos. Llegaba la gente y tomaba mis frutas sin pagar nada, luego aparecía un “pillo” que se aprovechaba de mí; venía con un camión a llevarse todas mis frutas. Yo intentaba protestar, pero él se alejaba con su vehículo y burlándose me decía:

— ¿Qué no hay amor en ti?… Eres egoísta, ja, ja, ja.
— ¡Puf cuánta desconfianza! — Ami vio toda mi “película” mental y dijo:
— En una sociedad civilizada nadie “se aprovecha” de nadie. ¿Qué va a hacer ese hombre con el camión lleno de frutas?
— Venderlas, claro…
— Nada se vende; no hay dinero…

Aquello me hizo gracia, no había recordado que no existe el dinero en un mundo  civilizado.

— Está bien, pero ¿por qué voy a trabajar por nada?
— Si hay amor en ti, vas a estar dichoso de poder servir a los demás, y así tienes derecho a ser servido, puedes ir donde el vecino y tomar de su siembra lo que necesites; del lechero tomas leche, del panadero pan, y así sucesivamente; y si en lugar de hacerlo todo en forma aislada y desordenada, la sociedad se organiza y se llevan los productos a los centros de distribución, y si en lugar de trabajar tú, lo hacen las máquinas…
— ¡Nadie haría nada!…
— Siempre habría algo que hacer: supervisar las máquinas, crear otras más perfectas, ayudar a quienes nos necesitan, perfeccionar nuestro mundo y a nosotros mismos, y también disfrutar del tiempo libre”. (95)

En la siguiente frase, Pedro le pregunta a Ami si los terrícolas tenemos que ser perfectos para llegar a tener un planeta como el que han visitado. A Ami le causa gracia, pues dice que la perfección es inalcanzable.

“— Es típico de la mitomanía terrestre, del extremismo mental. Se matan sin compasión, torturan, engañan, se esclavizan a lo material [...] ¡y exigen perfección!… Bastaría con que bajaran las armas y vivieran en paz, como una familia, sólo eso, para lograrlo no necesitan ser perfectos, sólo deben dejar de ser dañinos. Eso es mucho más fácil que pedir la perfección. Sólo un “clap” de los dedos y el mundo comienza a vivir en paz, pero les parece una locura, una utopía, un imposible; en cambio, LA PERFECCIÓN, eso sí les parece posible… No hacen nada por la humanidad y sólo se dedican a buscar pequeñas faltas ajenas o propias: “cuelan mosquitos y tragan camellos”…”. (97)

 Y mi favorita…

“— No son las personas las malas, sino los viejos sistemas que usan para organizarse. La gente gente ha evolucionado, los sistemas se quedan atrasados. Malos sistemas hacen sufrir a las personas, las van volviendo infelices, y al final las llevan a cometer errores. Pero un buen sistema de organización mundial es capaz de transformar a los malos en buenos”. (40)


El ateísmo, una cuestión de fe

“Soy ateo, y punto. Me tomó mucho tiempo decirlo. He sido ateo por años y años, pero de alguna manera sentía que era intelectualmente poco respetable decir que uno era ateo… porque asumía un conocimiento que no tenía. De alguna manera era mejor decir que uno era humanista o agnóstico. Finalmente decidí que soy una criatura de emoción además de razón. Emocionalmente soy ateo. No tengo evidencia para probar que Dios no existe, pero sospecho tanto que no existe que no quiero perder el tiempo”. Isaac Asimov.

Creo que es la primera vez que leo a un ateo admitir que su postura es emocional. La mayoría de los ateos manifiesta que Dios no existe desde una postura, según ellos, lógica y racional. Sin embargo, ¿cómo se puede afirmar que no existe algo que ni siquiera conoces?

Me gusta mucho discutir de religión (bueno, me gusta mucho discutir sobre cualquier cosa, pero eso no viene al caso) y por lo mismo estoy al tanto de los argumentos que esgrimen las personas tanto creyentes como ateas. Así es como me he topado con personas que afirman que la falta de evidencias sobre la existencia de Dios es suficiente para probar que no existe. Antiguamente, no era posible demostrar que existían otras galaxias. ¿Significaba que no existían?

Es por esto que pienso que el ateísmo no es más que una cuestión de fe. Una postura tan carente de pruebas como la religión.

Antes de finalizar, les dejo un interesante texto que encontré navegando por ahí: “El credo de un ateo“. Sea sarcástico o no, me parece que refleja muy bien lo que he intentado señalar con respecto al ateísmo.


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