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Práctica docente: más allá de la transmisión de contenidos*

Es muy común leer y escuchar que un profesor debe manejar muy bien todos los contenidos que enseña. Es más, en la actualidad la evaluación docente chilena pone especial énfasis en dichos contenidos. Sin embargo, en Finlandia, país destacado por su excelente educación, los profesores pueden llegar a enseñar más de dos materias sin ser especialistas en ninguna. Allá la importancia radica en las técnicas pedagógicas. Como señala un documento que trata el tema: “Para los alumnos, el objetivo es que se familiaricen con una visión integral del desarrollo humano y con la interacción profesor/estudiante, así como con las teorías científicas sobre educación, aprendizaje y desarrollo, y su aplicación a la docencia y al trabajo del profesor” [1].

Es cierto que los profesores fineses sí estudian los lineamientos básicos de todos los cursos que se enseñan en el sistema escolar de dicho país, por lo que tomemos un caso más extremo: ¿puede un profesor enseñar una materia de la que no sabe nada? Jacques Rancière planteó que sí en su libro El maestro ignorante. Cinco lecciones para la emancipación intelectual (1987) [2]. En el texto, Rancière usa la experiencia de Joseph Jacotot para analizar las teorías en torno a la educación emancipadora, en la que el profesor es un guía y no una enciclopedia con patas.

“La historia comenzó cuando Jacotot, un apreciado filósofo y pedagogo en Francia, se instaló en Bélgica por razones políticas durante la Restauración (1814-1830). Allí fue contratado por la Universidad de Lovaina para enseñar francés. Jacotot, que no sabía una palabra de holandés, distribuyó a sus alumnos una versión bilingüe del Telémaco de Fénelon y los dejó solos con el texto y con su voluntad de aprender. Sorprendentemente, pocos meses después todos eran capaces de hablar y de escribir en francés sin que el maestro les hubiese transmitido absolutamente nada de su propio saber. Jacotot dedujo entonces que sus alumnos habían utilizado la misma inteligencia que usa un niño para aprender a hablar. ¿Qué hace un niño pequeño? Escucha y retiene, imita y repite, se corrige, tiene éxito gracias al azar y recomienza gracias al método. Todo sin ningún maestro” [3].

Maria Montessori también planteó esa posibilidad y en los principios de su pedagogía se señala que “el mayor signo de éxito de un maestro… es ser capaz de decir: «los niños están trabajando como si yo no existiera»” [4]. Este método ha probado ser muy efectivo, tanto en educación preescolar [5], como en la básica [6] y en la media [7].

Pero no sólo los métodos implementados en instituciones sirven. Son miles de familias las que se bajan del sistema cada año para probar con la educación en el hogar, conocida como homeschooling. Su vertiente más “underground”, el unschooling, en lugar de emular la escuela en casa (como hacen algunas familias) desestructura la creencia de que el aprendizaje debe ser sistemático, dividido por materias y aprendido sólo desde ciertas fuentes. El unschooling plantea que estamos siempre aprendiendo y los padres sólo tendrían que darle un cauce a ese aprendizaje, pero no obligarlo ni coartarlo.

Katheleen McCurdy, que educó a sus cinco hijos en casa (y estos a su vez educaron a los 12 nietos de McCurdy de la misma forma) [8], comenta que aun cuando ella no era buena para las matemáticas uno de sus hijos estudió ingeniería: “un padre siempre buscará la forma de que su hijo aprenda lo que quiera” [9]. José Miguel Castro, profesor de la Universidad de Cantabria, plantea que cuando a un niño se lo deja aprender por su cuenta se produce una suerte de deriva que adquirirá sentido más adelante. Pero para eso es necesario que el educador, sea profesor o madre/padre, se convierta en “un asistente que proporciona a quienes participan en este aprendizaje los materiales que necesitan y les asiste en sus necesidades inmediatas, pero que no se adelanta a esas necesidades ni juzga el proceso ni el resultado” [10].

Para aprender no necesitamos profesores que manejen toda la disciplina que van a enseñar. Es más, sería mucho mejor si este asumiera una postura humilde y motivara a los educandos a aprender por sí mismos. Este tipo de educación no sólo muestra resultados visibles en cuanto a aprendizajes, sino que genera una relación horizontal con el educador, otorgando al estudiante la libertad de cuestionar y disentir que tanta falta hacen en las aulas de clases y en la ciudadanía. Ante los problemas ecológicos y sociales que enfrenta nuestra sociedad, individuos que sólo saben repetir viejos conocimientos no sirven. Como planeta necesitamos personas que sean capaces de mirar hacía nuevas perspectivas y claramente el sistema escolar tradicional no lo permite [11]. Pero no sólo hay que mirar lo global, sino también lo personal: los jóvenes difícilmente van a sentirse felices y plenos en un entorno que les impide satisfacer su curiosidad innata y sus propios intereses.

*Texto publicado originalmente en Contrainformación Estudiantil bajo el título de Derribando mitos: 1º El profesor debe saberse los contenidos al derecho y al revés.

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