Archivo de la etiqueta: Vídeos

“Como matar al intermediario” y una breve aclaración

En torno a la entrada Mi experiencia con el Software Libre varios comentarios me indicaron que ganar dinero con el software que uno creaba no tenía porqué reprocharse. Y concuerdo. Pero concuerdo sólo dentro de este sistema, porque al fin y al cabo de algo hay que vivir y ¿qué mejor que vivir de un trabajo que te guste y en el que puedas serle fiel a tus principios? Sin embargo, creo que quien promueve la libertad en el software también tiene que promover la libertad en la vida real y para eso es necesario buscar nuevas formas de organizarse en sociedad, porque nuestra cultura ha demostrado tener serias falencias en todo sentido (falencias que me dedico a denunciar en este sitio). En mi opinión, ninguna forma de organización social basada en el dinero funcionará y es por eso que cuando contemplo, analizo o difundo ideas o prácticas para cambiar el “mundo” no tomo en consideración el factor monetario, pues si dicha idea tomara el lucro (entendiéndolo como ganancia de dinero) como eje de su planteamiento, en mi opinión ya no cambiaría nada.

Terminada la aclaración, y relacionado al tema, quiero compartir un vídeo que Víctor Salmerón dejó en los comentarios. Lo resumiría, pero prefiero que lo vean, está genial.

“Hoy estoy seguro que la industria de la cultura somos los lectores y los autores, y nadie más. Y que la otra industria, la que le teme a los cambios, la que intenta hacernos creer que internet es un lastre, la que rasguña y la que daña, se está muriendo. Y la vamos a ver morir.

La cultura tiene que ser libre y tiene que ser gratuita.”


¡Feliz 2012!

No se me ocurría una manera de desearles un feliz año hasta que vi el avance de La Educación Prohibida. Este vídeo me trajo muchas esperanzas, no sólo de lo que va a ser este año, sino del futuro del sistema educativo en general. Ojalá el cambio que se espera para este 2012 signifique la llegada y difusión masiva de nuevos paradigmas, porque ya viene siendo hora.

 

Y recuerda: conviértete en el cambio que quieres ver en el mundo.

 


El mundo de los bebés

El mundo de los bebés es un documental hecho para dilucidar qué métodos son más efectivos para criar a un bebé durante sus primeros meses de vida. Tal promesa, como suele suceder con este tipo de documentales, no se cumple y el programa termina con una frase muy habitual cuando se trata de m(p)aternidad: “todos los métodos sirven, dependiendo de la familia”. Una frase cliché que se aplica en algunos puntos, pero no en todos, pues hay cosas que sí son mejores que otras independiente de la familia o la cultura en la que se este inmerso.

Si bien leí Tu hijo del doctor Spock y El Concepto del Continuum de Jean Liedloff, no estuve familiarizada con Truby King hasta después de ver El mundo de los bebés, pero sí leí Duérmete, niño de Eduard Estivill, que vendría a ser el análogo de King. He leído sobre cada una de estas perspectivas desde que quedé embarazada. Mucha gente me ha hecho comentarios referente a eso. Me preguntan si acaso creo necesario leer libros para criar a mi hija. Y lo cierto es que sí, los necesito. No para tener un manual de instrucciones, sino para obtener otros puntos de vista. Como bien señalan muchos padres, vivimos en una época de incertidumbre y recibimos montones de información. Conocer los distintos puntos de vista nos ayuda a elegir un camino que, de preferencia, no esté marcado por exigencias externas, sino por lo que esperamos al formar una familia (con veracidad sobre los resultados, por supuesto. Como podrán comprobar más adelante, muchos de estos métodos se escudan bajo mentiras para venderse).

Con respecto al documental, trataré de examinar los principales puntos de las teorías de cada autor para que puedan comprobar lo irresponsables y adultocéntricos que han sido los productores de El mundo de los bebés al sugerir que todos los métodos sirven.

ADVERTENCIA: Aunque parezca obvio decirlo, sugiero que para efectos de una óptima lectura vean el documental completo antes de leer mis comentarios y observaciones.

  • LACTANCIA MATERNA:Es curioso que en el documental sólo Claire Scott (la “mentora” que se basa Jean Liedloff) promueva la lactancia materna. Curioso, pues se supone que el concepto del documental es seguir los tres “manuales” elegidos y todos los autores recomiendan la lactancia materna.Como señalé antes, existen puntos que no dependen de la familia o la cultura y este es uno de ellos. Los beneficios de la lactancia materna tanto para la madre como para el bebé están ampliamente documentados [1] [2] [3] [4] [5] y las tribus indígenas comprendían dichos beneficios sin necesidad de hacer estudios sobre el tema. Por supuesto, no se trata de imponer, pero creo que es necesario que las madres conozcan todos esos beneficios al momento de elegir que alimentación van a otorgar a sus hijos. Si estos beneficios no se conocen, se suele caer en el error de creer que es lo mismo alimentar a un bebé con leche de vaca, leche maternizada o leche materna.Si bien todos los autores recomiendan la lactancia materna, sólo Truby King establece horarios, lo cual no está recomendado en la actualidad, pues es mejor tanto para el bebé como para una adecuada producción de leche que el lactante mame a demanda [6] [7].
  • DORMIR:En este punto podemos encontrar más desacuerdos. Para Liedloff lo más apropiado es que los bebés duerman con sus madres hasta que ambos quieran. De esta forma se continúa la lactancia materna a demanda durante la noche, la madre duerme mejor pues no debe levantarse a cada momento y el bebé duerme más tranquilo al estar en contacto con su progenitora. Para respaldar esta tesis la antropóloga argumenta que los bebés, por cuestiones evolutivas, necesitan dormir acompañados. De preferencia por sus madres.Para Spock, el bebé debía dormir en la habitación de sus padres los primeros tres meses y luego se lo debía cambiar de habitación y dejarlo llorar hasta que se resignara y aprendiera a dormir solo, pues según el doctor un bebé a esa edad sólo llora de rabia por no poder estar con sus padres (N/A: ¿y eso es menos importante?).

    Para Truby King, un bebé debía dormir solo en su habitación desde que nacía y los padres debían dejarlo llorar. Sus principales argumentos están enfocados en la creencia de que los bebés son seres manipuladores y que por ello los padres no debemos ceder a sus demandas, si no a la inversa.

    Nuevamente, una de las mentoras no cumplió con lo que se señalaba en su manual. Es cierto que una de las premisas de Spock era que la madre sabía más de lo que creía, pero aún así él establece muchísimas reglas que Trina Hamilton pasa por alto. La permisividad que se le achaca a Spock surge más bien de la comparación porque claro, si lo ponemos al lado de alguien como Truby King, Spock es sumamente permisivo.

    En cuanto al colecho se dice mucho. Lo cierto es que en pediatría no existen estudios concluyentes. La UNICEF recomienda el colecho para mantener la lactancia materna y sólo advierte los posibles peligros de la cama, que pueden ser prevenidos [8]. Otros estudios señalan que el colecho es una mala práctica porque no consideraría las reales necesidades del niño [9], sin embargo me parece necesario recalcar la contradicción que supone que esas necesidades reales sean las que plantee el pediatra y no las que exprese el niño (ya sea a través de su llanto o con palabras en edades posteriores).

    Uno de los principales motivos que se usan para desaconsejar el colecho es que los hijos se “mal acostumbran” y que luego es imposible sacarlos de la cama y/o enseñarles correctos “hábitos del sueño”. Lo cierto es que los estudios con respecto a esto último demuestran que el colecho permite que los niños duerman bien, no existen riesgos de que luego no quieran salir de la habitación de sus padres (como suele preguntar Carlos Gonzalez: ¿alguien conoce a un niño de 15 años que duerma con sus padres?) y sólo es necesario tomar las medidas necesarias para que la cama no sea peligrosa para el bebé [10] [11]. Es más, algunos estudios incluso plantean que el colecho fomenta la lactancia materna y ayuda al bebé a dormir mejor [12].

    ¿Qué método resulta mejor? Mientras no se deje llorar a los niños solos en su habitación (a continuación me enfocaré en el tema del llanto), se los mantenga en su cuarto los seis primeros meses (para evitar el riesgo de muerte súbita) y se los respete, cualquier forma de dormir es buena para el niño.

  • LLANTO: Con respecto al llanto, Spock consideraba que después de los tres meses el bebé sólo llora para manipular, por lo que si sus necesidades básicas están cubiertas hay que dejarlo solo. Truby King también pensaba así, pero lo extendía desde el nacimiento del bebé. En oposición a ambos, Liedloff plantea que el llanto siempre es una forma de comunicar algo, por lo que los padres deben prestarle atención e intentar calmarlo.La mayoría de los estudios hechos sobre el llanto de los bebés (los estudios de verdad, no los de Estivill en donde se cita a sí mismo o cita a discípulos que lo citan a él) confirman que dejar llorar solo a un bebé le puede causar daños ya sea en su infancia o más adelante. La mayoría de los “expertos” que sugieren dejar a los bebés llorar o las familias que siguen estos modelos aseguran que estos dejan de llorar. Eso sucede porque el bebé adquiere algo que han llamado como “indefensión aprendida”: como el bebé sabe que no puede contar con quiénes lo rodea, deja de llorar [13]. No es que los bebés “aprendan” que deben dormirse solos, sino que se resignan a que nadie los ayudará.

    Aún considerando lo anterior, es debido mencionar que el llanto no es totalmente negativo. Este tiene funciones terapéuticas, por lo que no hay que sentir tanta presión cuando el bebé llora, sólo hay que intentar calmarlo y si no funciona, hacerle compañía para no aumentar su angustia [14] [15].

  • CARICIAS Y ATENCIÓN: Tanto Spock como Liedloff concordaban en que el cariño era fundamental para el bienestar del bebé y de la madre y en que no existe un parámetro de cuánto cariño o atención debe recibir el lactante. Por el contrario, Truby King planteaba que era necesario dejar a los bebés solos la mayor parte del tiempo y disminuir las caricias lo máximo posible para criar niños menos individualistas. En el documental podemos ver como Claire Varity sólo permite que la madre sostenga a su hijo por diez minutos y que al darle mamadera tiene que mantener al bebé lo más distanciado posible de sí misma.Actualmente los estudios apoyan las tesis de Spock y de Liedloff. Las caricias producen endorfinas (inhibidoras de las fibras nerviosas que transmiten el dolor y analgésica. Produce sensación de bienestar) y disminuye el cortisol (hormona que se produce en respuesta al estrés y que segregada a largo plazo puede causar diversos daños [16]).
  • OPINIÓN PERSONAL SOBRE LAS MENTORAS Y LOS MÉTODOS UTILIZADOS:Una de las mayores impresiones que me lleve al escuchar a Claire Varity, mentora del método Truby King, es su forma de ver a los hijos como “enemigos” a los que hay que doblegar. Además, está hablando todo el tiempo sobre como los padres deben “recuperar la normalidad”. Entonces, ¿para qué tienen hijos? ¿Cuál sería el sentido de tener hijos si no se cambia, si no se cree en la sabiduría que ese cambio nos puede aportar? Digo, si alguien quiere dedicarse a dar fiestas, pasarlo bien y dormir en paz, lo último que debe hacer es tener hijos. Es notable la pregunta de Trina Hamilton: “Si vas a apartar a tus hijos la mitad del día, ¿para qué los tienes?”.Creo que los hijos vienen a cambiarlo todo y es justamente la gracia de tenerlos. Nuestros esquemas se rompen y somos capaces de aprender cosas nuevas. Es cierto que no hay que dejar todo de lado al tener hijos y que estos también también tienen que adaptarse a uno. Pero eso debe ser de manera gradual, con algunos sacrificios y también aprendiendo a hacer las cosas de formas diferente.

    Cuando nos vamos a vivir con una pareja o incluso con un grupo de amigos tenemos que comenzar a cambiar parte de nuestro estilo de vida. Pues con los bebés pasa lo mismo. Negarse al cambio es negar uno de los principales factores que nos permite sobrevivir.

    A Claire Scott, mentora del método de Jean Liedloff, también le encuentro sus contra. Si bien concuerdo con casi todo lo que dice, no me gusta su forma de argumentarlo, siempre recurriendo a la falacia ad antiquitatem, ya que “siempre se ha hecho así” es un argumento fácilmente refutable (¡Ojo! Liedloff no argumenta de la misma forma). Es más, si apelamos a lo “natural”, pues el cambio está dentro de nuestra naturaleza y podemos buscar formas de hacer las cosas de manera diferente sin que ello sea perjudicial.

    Concuerdo con ella en respetar los ritmos del bebé, pero pienso que esos ritmos pueden ser respetados en una cuna y en un coche, no sólo en un porta-bebés y durmiendo al lado de sus padres.

    Trina Hamilton, por su parte, no sigue los planteamientos de Spock. No es la gran crítica, pero sí es debido señalarlo, ya que la premisa del documental indica que estas mentoras seguirán los libros al pie de la letra. Con respecto a sus métodos, Hamilton señala que si uno no quiere darle pecho al bebé no tiene que sentirse culpable, pero me parece algo negligente no informarle a esas madres que la mejor opción es la lecha materna, tanto por un tema nutricional como afectivo. No es obligarles, por supuesto, pero sí mostrarles cómo son las cosas. Al menos en el tema de la lactancia materna sí existen hechos demostrables que respalden sus beneficios y que una “experta” los pase por alto no me parece bueno. Sí me gustó eso de “deja las cosas que no son importantes y recarga tus pilas” y también lo de aceptar toda la ayuda posible.

  • SOBRE EL DOCUMENTAL: Como ya señalé varias veces, una de las fallas del documental es que las mentoras no siguen las lecturas al pie de la letra. Sin embargo, una crítica mucho más importante es que los métodos utilizados sólo estudian los primeros tres meses de vida. Las secuelas de la primera infancia pueden verse sólo años después, por lo que no se puede concluir que un método es buen enfocándose en tres meses de vida. Sólo Claire Scott demostró con hechos que los niños criados bajo el concepto del continuum obtienen bienestar e independencia, cosas que ella prometió.También es importante destacar que en el documental no señalan qué métodos están pensados en el bienestar de los padres (en su época, King y Spock hicieron sus planteamientos pensando en el bienestar de los bebés, pero hoy sólo se siguen implementando pensando en la comodidad de los adultos) y cuáles en el bienestar de los bebés.

    No se le pueden pedir peras al olmo. Los documentales de esta índole nunca profundizan y ciertamente son sesgados y responden más a intereses comerciales que a verdaderas intenciones de informarnos (se destaca, por ejemplo, el caso de la lactancia materna. Evidentemente existen intereses tras la forma en que el tema fue abordado, y posiblemente tengan que ver con asuntos de orden económico, como venta de mamaderas, leches maternizadas y otros).Ocultándose bajo la democrática imagen del “directorio pluralista”, despliegan su mejor arma: poner en un mismo nivel enfoques y teorías que por su mera coexistencia son supuestamente igual de válidas. Con la ilusión de control de nuestras propias decisiones que este relativismo transmite, convierten al espectador en controlado; entendiendo el control que ellos ejercen sobre los contenidos también a los receptores de los mismos.


Etiquetas psiquiátricas


A propósito de los #pilarsordismos

¿Por dónde partir, si cada momento de este vídeo me provoca una tremenda bocanada de rabia? Es que resulta tan molesto que una mujer con semejantes comentarios haya logrado un título universitario de psicología y que más encima tenga cabida en conferencias, programas de televisión y periódicos. Molesto, porque es ese el tipo de psicóloga que se hace oír por la mayoría y no psicólogas como Leslie Power o Rosa Jové.

Partiré por su primer comentario: “¿Qué chico va a querer comer porotos? O sea, objetivamente no hay ninguna posibilidad de que quiera comer legumbres a voluntad. Entonces, yo creo que hay un tema de autoridad, hay un tema de que yo no le puedo preguntar a los chicos todo lo que quieren”. Lean esa cita con atención: ¿no sienten que las palabras “objetivamente” y “no hay ninguna posibilidad” no deberían estar en esa oración? Sordo (apropiado apellido, por cierto) comete una generalización indebida, pues obviamente no conoce los hábitos alimenticios de todos los niños. En mi propio hogar, por ejemplo, mi hermana de 10 años adora las legumbres, también mi hija de 1 y yo misma.

Pero aún más importante es que involucre el tema de la autoridad con la alimentación. Por un lado, creo que más que autoridad se trata de un tema de hábitos alimenticios en la familia. Es probable que si los padres dan el ejemplo comiendo determinados alimentos y se crea una atmósfera de convivencia al cocinar, los hijos van a comer de buen gusto el plato de comida, sea cuál sea. Además, ¿qué se puede hacer, obligarlos? La nutrióloga Bridget Swinney señala que:

“Los estudios llevados a cabo demuestran que los niños nacen con un control adecuado de la ingesta de alimentos. Comen cuando tienen hambre y dejan de comer cuando se sienten saciados. Somos los adultos quienes enseñamos a los niños que deben comer  en las horas de las comidas, incluso si no tienen hambre. Un niño al que se le obliga a comer pierde su capacidad natural para controlar la ingesta de alimentos”. [1]

El pediatra Carlos Gonzalez, en su libro Mi niño no me come también señala que obligar a comer no es la solución y explica que los niños tienen gustos muy variados a lo largo de su vida [2]. Tanto Gonzalez como Swinney coinciden en que todos tenemos períodos en que algún alimento nos desagrada y es algo que debe respetarse.

Siguiendo con el vídeo, Pilar Sordo se espanta de que los padres le pregunten a sus hijos si quieren ir a ver a la abuela. Me pregunto, si un chico no quiere ver a su abuela, ¿no será por algo? Quizás tiene mejores cosas que hacer que evitar “perder el contacto con su historia”. No entiendo porqué un padre debiera inmiscuirse en ese aspecto de la vida de su hijo, ya que ¡es su vida! Obligar a un niño o adolescente a visitar a su abuela no va a hacerlo comprender lo importante que es dicho vínculo, sólo lo va a alejar más de la abuela.

¿Soy la única a la que las risitas de la tal Susana, de Pilar y de la tropa de mujeres en esa jornada le provoca urticaria? Me causa un desagrado tan grande ver su “adultocentrismo”. No le veo nada de malo en preguntarle a tu hijo cosas, hacerlo partícipe de un vínculo horizontal con uno (no somos sus jefes, no somos sus dueños) y decidir, entre todos, actividades a realizar. No entiendo la aversión a que la familia sea un lugar grato, sin tantas presiones. Esa concepción de que ser padres es “ser jodidos” aún no me cabe en la cabeza, sigo pensando que es una forma terriblemente aburrida y molesta de ser padres. Pilar Sordo señala que siendo grato los hijos no se educan, pero esa suposición no tiene ningún respaldo. Si eso fuera cierto, pedagogías como la de Montessori o lo que se realiza en Regio Emilia (Italia) hubieran fracasado. Por el contrario, son ejemplos de calidad a nivel mundial [3] [4] [5].

Otro lugar común que repite Pilar Sordo es eso de los derechos y los deberes. Ante cualquier mención de los Derechos del Niño, los adultos saltan clamando por sus deberes, pues creen que estos derechos implican una perdida de la autoridad. Pero como indica Emilio García Mendez, los padres no pierden autoridad, pierden autoritarismo. La diferencia entre ambas es que la primera tiene motivos de peso, una razón de ser y la segunda sólo se limita a “porque lo digo yo” [6]. Me parece que Sordo, cuando se refiere a la autoridad, en realidad lo que tiene en mente es autoritarismo: le gusta que las cosas se hagan a su pinta, en buen chileno.

¿Y qué pasa con los deberes? En mi opinión, cada hogar debiera establecer los deberes de sus hijos, siempre sin pasar a llevar sus derechos. En mi caso, no me horroriza que un niño no salude, pero sí considero importante participar de las labores del hogar (cocinar, limpiar). Aunque prefiero la idea de que los chicos enfrenten las consecuencias lógicas de sus acciones y no de andar persiguiéndolos para que hagan las cosas: si no limpia su pieza, tiene que lidiar con su desorden o si no lava su plato, no podrá usarlo luego (para profundizar en el tema de las “consecuencias lógicas de las acciones” pueden leer Padres respetuosos, hijos responsables de Barbara Coloroso).

En la Jornada tanto Pilar Sordo como Susana hacen constantes menciones al miedo que los padres sienten hacía sus hijos. Pues me gustaría citar una vez más a García Méndez: “Quién le tuvo miedo a sus padres, le tiene miedo a sus hijos”.

Pilar Sordo, no sólo en esta Jornada, sino en varios textos personales y entrevistas [7] repite que no podemos ser amigos de nuestros hijos. Sin embargo, yo creo que sí podemos ser sus amigos. Así como las relaciones de pareja se forman de varias aristas (amistad, pasión) la m[p]aternidad conlleva amistad, entre muchos otros aspectos. Quitar ese detalle tan rico, tan entretenido, me parece que es quitarle toda la diversión, todo el disfrute a la crianza. Y, aún más peligroso, genera el amargo sentimiento de querer que los hijos nos correspondan porque dimos mucho por ellos. Si disfrutáramos de verdad nuestra m[p]aternidad, no querríamos nada más a cambio que nuestros hijos sean felices, ¿no?

“La posición del padre o de la madre es la de quien, sin ningún prejuicio o disminución de su autoridad, humildemente, acepta el papel de enorme importancia de asesor o asesora del hijo o de la hija. Asesor que, aunque batiéndose por el acierto de su visión de las cosas, nunca intenta imponer su voluntad ni se exaspera porque su punto de vista no fue adoptado”. – Paulo Freire

  • [1] Citado en Rosas, María. El arte de hacerlos comer. México D.F: Cengage Learning, 2008; p. 30.
  • [2] Gonzalez, Carlos. Mi niño no me come. Madrid: Temas de hoy, 2004; p. 74.

Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.

Únete a otros 471 seguidores